Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 5)
ANARDA: Para secretos ajenos
mucho tormento me das
sabiendo que soy mujer,
mas basta que hayas sabido
que por Marcela ha venido.
Bien te puedes recoger,
que es solo conversación
y ha poco que se comienza.
DIANA: ¿Hay tan crüel desvergüenza?
¡Buena andará la opinión
de una mujer por casar!
¡Por el siglo, infame gente,
del Conde mi señor…!
ANARDA: Tente,
y déjame disculpar,
que no es de fuera de casa
el hombre que habla con ella,
ni para venir a vella
por esos peligros pasa.
DIANA: En efeto ¿es mi crïado?
ANARDA: Sí, señora.
DIANA: ¿Quién?
ANARDA: Teodoro.
DIANA: ¿El secretario?
ANARDA: Yo ignoro
lo demás; sé que han hablado.
DIANA: Retírate, Anarda, allí.
ANARDA: Muestra aquí tu entendimiento.
DIANA: Con más templanza me siento
sabiendo que no es por mí.
¿Marcela?
MARCELA: ¿Señora?
DIANA: Escucha.
MARCELA:¿Qué mandas?
Temblando llego.
DIANA: ¿Eres tú de quién fïaba
mi honor y mis pensamientos?
MARCELA: Pues ¿qué te han dicho de mí,
sabiendo tú que profeso
la lealtad que tú mereces?
DIANA: ¿Tú lealtad?
MARCELA: ¿En qué te ofendo?
DIANA: ¿No es ofensa que en mi casa
y dentro de mi aposento,
entre un hombre a hablar contigo?
MARCELA: Está Teodoro tan necio
que dondequiera me dice
dos docenas de requiebros.
DIANA: ¿Dos docenas? ¡Bueno, a fe!
Bendiga el buen año el cielo,
pues se venden por docenas.
MARCELA: Quiero decir que, en saliendo
o entrando, luego a la boca
traslada sus pensamientos.
DIANA: ¿“Traslada”? ¡Término estraño!
¿Y qué te dice?
MARCELA: No creo
que se me acuerde.
DIANA: Sí hará.
MARCELA: Una vez dice: “Yo pierdo
el alma por esos ojos”;
otra: “Yo vivo por ellos;
esta noche no he dormido
desvelando mis deseos
en tu hermosura”; otra vez