Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 3)
OTAVIO: Yo, señora, no sé más
de que en opinión estás
de incasable, cuanto hermosa.
El condado de Belflor
pone a muchos en cuidado.
FABIO: Con el sombrero he topado,
mas no puede ser peor.
DIANA: Muestra. ¿Qué es esto?
FABIO: No sé.
Este aquel galán tiró.
DIANA: ¿Este?
OTAVIO: No le he visto yo
más sucio.
FABIO: Pues este fue.
DIANA: ¿Este hallaste?
FABIO: ¿Pues yo había
de engañarte?
OTAVIO: Buenas son
las plumas.
FABIO: Él es ladrón.
OTAVIO: Sin duda a robar venía.
DIANA: Hareisme perder el seso.
FABIO: Este sombrero tiró.
DIANA: Pues las plumas que vi yo,
y tantas que aun era exceso,
¿en esto se resolvieron?
FABIO: Como en la lámpara dio,
sin duda se las quemó
y como estopas ardieron.
¿Ícaro al sol no subía
que, abrasándose las plumas,
cayó en las blancas espumas
del mar? Pues esto sería.
El sol la lámpara fue,
Ícaro el sombrero, y luego
las plumas deshizo el fuego
y en la escalera le hallé.
DIANA: No estoy para burlas, Fabio;
hay aquí mucho que hacer.
OTAVIO: Tiempo habrá para saber
la verdad.
DIANA: ¿Qué tiempo, Otavio?
OTAVIO: Duerme agora, que mañana
lo puedes averiguar.
DIANA: No me tengo de acostar,
no, ¡por vida de Dïana!
hasta saber lo que ha sido.
Llama esas mujeres todas.
OTAVIO: Muy bien la noche acomodas.
DIANA: Del sueño, Otavio, me olvido
con el cuidado de ver
un hombre dentro en mi casa.
OTAVIO: Saber después lo que pasa
fuera discreción, y hacer
secreta averiguación.
DIANA: Sois, Otavio, muy discreto,
que dormir sobre un secreto
es notable discreción.
FABIO: Las que importan he traído,
que las damas no sabrán
lo que deseas, y están
rindiendo al sueño el sentido.
Las de tu cámara solas