Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 2)
cuando yo me desespero,
¿ansí remediáis mi agravio?
OTAVIO: Aunque su voz escuchaba
a tal hora, no creía
que era vuestra señoría
quien tan aprisa llamaba.
DIANA: Volveos, que no soy yo;
acostaos, que os hará mal.
OTAVIO: Señora…
FABIO: No he visto tal;
como un gavilán partió.
DIANA: ¿Viste las señas?
FABIO: ¿Qué señas?
DIANA: ¿Una capa no llevaba con oro?
FABIO: Cuando bajaba la escalera…
DIANA: ¡Hermosas dueñas
sois los hombres de mi casa!
FABIO: … a la lámpara tiró
el sombrero y la mató;
con esto, los patios pasa,
y en lo escuro del portal
saca la espada y camina.
DIANA: Vós sois muy lindo gallina.
FABIO: ¿Qué querías?
DIANA: ¡Pesia tal!
Cerrar con él y matalle.
OTAVIO: Si era hombre de valor,
¿fuera bien echar tu honor desde el portal a la calle?
DIANA: De valor aquí, ¿por qué?
OTAVIO: ¿Nadie en Nápoles te quiere
que, mientras casarse espere, por donde puede te vee?
¿No hay mil señores que están,
para casarse contigo,
ciegos de amor? Pues bien digo si tú le viste galán
y Fabio tirar, bajando,
a la lámpara el sombrero.
DIANA: Sin duda fue caballero
que, amando y solicitando,
vencerá con interés
mis crïados. ¡Qué crïados
tengo, Otavio, tan honrados!
Pero yo sabré quién es:
plumas llevaba el sombrero
y en la escalera ha de estar.
Ve por él.
FABIO: ¿Si le he de hallar?
DIANA: ¡Pues claro está, majadero!
Que no había de bajarse
por él cuando huyendo fue.
FABIO: Luz, señora, llevaré.
DIANA: Si ello viene a averiguarse,
no me ha de quedar culpado
en casa.
OTAVIO: Muy bien harás,
pues, cuando segura estás,
te han puesto en este cuidado,
pero aunque es bachillería,
y más estando enojada,
hablarte en lo que te enfada,
esta tu injusta porfía
de no te querer casar
causa tantos desatinos,
solicitando caminos que te obligasen a amar.
DIANA: ¿Sabéis vós alguna cosa?