Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 23)
¿de qué los puedes tener?
FEDERICO: De que le puede querer,
que es mujer.
LEONIDO: Sí, mas tan vana,
tan altiva y desdeñosa,
que a todos os asegura.
FEDERICO: Es soberbia la hermosura.
LEONIDO: No hay ingratitud hermosa.
CELIO: Dïana sale, señor.
RICARDO: Pues tendrá mi noche día.
CELIO: ¿Hablarasla?
RICARDO: Eso querría,
si quiere el competidor.
FEDERICO: Aquí aguardaba con deseo de veros.
DIANA: Señor Conde, seáis muy bien
hallado.
RICARDO: Y yo, señora, con el mismo agora
a acompañaros vengo y a serviros.
DIANA: Señor Marqués, ¿qué dicha es
esta mía?
¡Tanta merced…!
RICARDO: Bien debe a mi deseo
vuseñoría este cuidado.
FEDERICO: Creo
que no soy bien mirado y admitido.
LEONIDO: Háblala, no te turbes.
FEDERICO: ¡Ay, Leonido!
Quien sabe que no gustan
de escuchalle,
¿de qué te admiras que se turbe
y calle?
TEODORO: Nuevo pensamiento mío
desvanecido en el viento,
que, con ser mi pensamiento,
de veros volar me río,
parad, detened el brío,
que os detengo y os provoco,
porque, si el intento es loco,
de los dos lo mismo escucho,
aunque donde el premio es mucho
el atrevimiento es poco;
y si por disculpa dais
que es infinito el que espero,
averigüemos primero,
pensamiento, en qué os fundáis.
¿Vós a quien servís amáis?
Diréis que ocasión tenéis
si a vuestros ojos creéis,
pues, pensamiento, decildes
que sobre pajas humildes
torre de diamante hacéis.
Si no me sucede bien,
quiero culparos a vós,
mas teniéndola los dos,
no es justo que culpa os den,
que podréis decir también,
cuando del alma os levanto,
y de la altura me espanto
donde el amor os subió,
que el estar tan bajo yo
os hace a vós subir tanto.
Cuando algún hombre ofendido
al que le ofende defiende,