Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 22)
y es más breve que es razón.
FEDERICO: ¡Ay, si la pudiese hablar!
LEONIDO: Siendo tú su primo, es cosa
acompañarla forzosa.
FEDERICO: El pretenderme casar
ha hecho ya sospechoso
mi parentesco, Leonido,
que antes de haberla querido
nunca estuve temeroso.
Verás que un hombre visita
una dama libremente
por conocido o pariente,
mientras no la solicita,
pero en llegando a querella,
aunque de todos se guarde,
menos entra, y más cobarde,
y apenas habla con ella.
Tal me ha sucedido a mí
con mi prima la Condesa,
tanto, que de amar me pesa,
pues lo más del bien perdí,
pues me estaba mejor vella
tan libre como solía.
CELIO: A pie digo que salía,
y alguna gente con ella.
RICARDO: Por estar la Iglesia enfrente,
y por preciarse del talle,
ha querido honrar la calle.
CELIO: ¿No has visto por el Oriente
salir, serena mañana,
el sol con mil rayos de oro,
cuando dora el blanco Toro
que pace campos de grana
(que así llamaba un poeta
los primeros arreboles)?
Pues tal salió, con dos soles,
más hermosa y más perfecta,
la bellísima Dïana,
la Condesa de Belflor.
RICARDO: Mi amor te ha vuelto pintor
de tan serena mañana,
y hácesla sol con razón,
porque el sol, en sus caminos
va pasando varios signos,
que sus pretendientes son.
Mira que allí Federico
aguarda sus rayos de oro.
CELIO: ¿Cuál de los dos será el Toro
a quien hoy al sol aplico?
RICARDO: Él, por primera afición,
aunque del nombre se guarde,
que yo, para entrar más tarde,
seré el signo de León.
FEDERICO: ¿Es aquel Ricardo?
LEONIDO: Él es.
FEDERICO: Fuera maravilla rara
que deste puesto faltara.
LEONIDO: ¡Gallardo viene el Marqués!
FEDERICO: No pudieras decir más,
si tú fueras el celoso.
LEONIDO: ¿Celos tienes?
FEDERICO: ¿No es forzoso?
De alabarle me los das.
LEONIDO: Si a nadie quiere Dïana,