Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 21)
TEODORO: El respeto
me detuvo de ofrecella.
DIANA: ¡Qué graciosa grosería
que con la capa la ofrezcas!
TEODORO: Así cuando vas a misa
te la da Otavio.
DIANA: Es aquella
mano que yo no le pido,
y debe de haber setenta
años que fue mano, y viene
amortajada por muerta.
Aguardar quien ha caído
a que se vista de seda,
es como ponerse un jaco
quien ve al amigo en pendencia,
que mientras baja, le han muerto.
Demás que no es bien que tenga
nadie por más cortesía,
aunque melindres lo aprueban,
que una mano, si es honrada,
traiga la cara cubierta.
TEODORO: Quiero estimar la merced
que me has hecho.
DIANA: Cuando seas
escudero, la darás
en el ferreruelo envuelta,
que agora eres secretario,
con que te he dicho que tengas
secreta aquesta caída,
si levantarte deseas.
TEODORO: ¿Puedo creer que aquesto es
verdad? Puedo,
si miro que es mujer Dïana hermosa.
Pidió mi mano, y la color de rosa,
al dársela, robó del rostro el miedo.
Tembló, yo lo sentí; dudoso quedo.
¿Qué haré? Seguir mi suerte
venturosa,
si bien, por ser la empresa tan
dudosa,
niego al temor lo que al valor
concedo.
Mas dejar a Marcela es caso
injusto,
que las mujeres no es razón que
esperen
de nuestra obligación tanto
disgusto.
Pero si ellas nos dejan cuando
quieren
por cualquiera interés o nuevo
gusto,
mueran también como los
hombres mueren.
Acto segundo
FEDERICO: ¿Aquí la viste?
LEONIDO: Aquí entró
como el alba por un prado,
que a su tapete bordado
la primera luz le dio;
y según la devoción,
no pienso que tardarán,
que conozco al capellán