Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 19)
DIANA: En fin, Teodoro, ¿tú quieres casarte?
TEODORO: Yo no quisiera
hacer cosa sin tu gusto;
y créeme, que mi ofensa
no es tanta como te han dicho,
que bien sabes que con lengua
de escorpión pintan la envidia,
y que si Ovidio supiera
qué era servir, no en los campos,
no en las montañas desiertas
pintara su escura casa,
que aquí habita y aquí reina.
DIANA: Luego ¿no es verdad que quieres
a Marcela?
TEODORO: Bien pudiera
vivir sin Marcela yo.
DIANA: Pues díceme que por ella
pierdes el seso.
TEODORO: Es tan poco,
que no es mucho que le pierda,
mas crea vusiñoría
que aunque Marcela merezca
esas finezas en mí,
no ha habido tantas finezas.
DIANA: Pues ¿no le has dicho requiebros
tales que engañar pudieran
a mujer de más valor?
TEODORO: Las palabras poco cuestan.
DIANA: ¿Qué le has dicho, por mi vida?
¿Cómo, Teodoro, requiebran
los hombres a las mujeres?
TEODORO: Como quien ama y quien ruega,
vistiendo de mil mentiras
una verdad, y esa apenas.
DIANA: Sí, pero ¿con qué palabras?
TEODORO: Estrañamente me aprieta
vuseñoría: “Esos ojos,
le dije, esas niñas bellas,
son luz con que ven los míos,
y los corales y perlas
desa boca celestial…”
DIANA: ¿Celestial?
TEODORO: Cosas como éstas
son la cartilla, señora,
de quien ama y quien desea.
DIANA: Mal gusto tienes, Teodoro.
No te espantes de que pierdas
hoy el crédito conmigo,
porque sé yo que en Marcela
hay más defetos que gracias.
Como la miro más cerca…
Sin esto, porque no es limpia,
no tengo pocas pendencias
con ella… Pero no quiero
desenamorarte della,
que bien pudiera decirte
cosas, pero aquí se quedan
sus gracias o sus desgracias,
que yo quiero que la quieras
y que os caséis en buen hora,
mas pues de amador te precias,
dame consejo, Teodoro,
ansí a Marcela poseas,
para aquella amiga mía,
que ha días que no sosiega