Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 18)
MARCELA: ¿Querrás tú?
TEODORO: Seré dichoso.
MARCELA: Confírmalo.
TEODORO: Con los brazos,
que son los rasgos y lazos
de la pluma del amor,
pues no hay rúbrica mejor
que la que firman los brazos.
DIANA: Esto se ha enmendado bien;
agora estoy muy contenta,
que siempre a quien reprehende
da gran gusto ver la enmienda.
No os turbéis, ni os alteréis.
TEODORO: Dije, señora, a Marcela
que anoche salí de aquí
con tanto disgusto y pena
de que vuestra señoría
imaginase en su ofensa
este pensamiento honesto
para casarme con ella,
que me he pensado morir,
y dándome por respuesta
que mostrabas en casarnos
tu piedad y tu grandeza,
dile mis brazos, y advierte
que si mentirte quisiera,
no me faltara un engaño,
pero no hay cosa que venza,
como decir la verdad
a una persona discreta.
DIANA: Teodoro, justo castigo
la deslealtad mereciera
de haber perdido el respeto
a mi casa, y la nobleza
que usé anoche con los dos
no es justo que parte sea
a que os atreváis ansí,
que en llegando a desvergüenza
el amor, no hay privilegio
que el castigo le defienda.
Mientras no os casáis los dos,
mejor estará Marcela
cerrada en un aposento,
que no quiero yo que os vean
juntos las demás crïadas,
y que por ejemplo os tengan
para casárseme todas.
¡Dorotea! ¡Ah, Dorotea!
DOROTEA: Señora…
DIANA: Toma esta llave,
y en mi propia cuadra encierra
a Marcela, que estos días
podrá hacer labor en ella.
No diréis que esto es enojo.
DOROTEA: ¿Qué es esto, Marcela?
MARCELA: Fuerza
de un poderoso tirano
y una rigurosa estrella.
¡Enciérrame por Teodoro!
DOROTEA: Cárcel aquí no la temas,
y para puertas de celos
tiene amor llave maestra.