Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 17)
que no se quiso acostar
la Condesa hasta dejar
satisfecho su cuidado;
amigas que han envidiado
mi dicha con deslealtad
le han contado la verdad,
que entre quien sirve, aunque veas
que hay amistad, no la creas,
porque es fingida amistad.
Todo lo sabe en efeto,
que si es Dïana la luna,
siempre a quien ama importuna,
salió y vio nuestro secreto;
pero será, te prometo,
para mayor bien, Teodoro,
que del honesto decoro
con que tratas de casarte
le di parte, y dije aparte
cuán tiernamente te adoro;
tus prendas le encarecí,
tu estilo, tu gentileza,
y ella entonces su grandeza
mostró tan piadosa en mí,
que se alegró de que en ti
hubiese los ojos puesto,
y de casarnos muy presto
palabra también me dio,
luego que de mí entendió
que era tu amor tan honesto.
Yo pensé que se enojara
y la casa revolviera,
que a los dos nos despidiera
y a los demás castigara,
mas su sangre ilustre y clara,
y aquel ingenio en efeto
tan prudente y tan perfeto
conoció lo que mereces.
¡Oh, bien haya, amén mil veces,
quien sirve a señor discreto!
TEODORO: ¿Que casarme prometió contigo?
MARCELA: ¿Pones duda
que a su ilustre sangre acuda?
TEODORO:
Mi ignorancia me engañó.
¡Qué necio pensaba yo
que hablaba en mí la Condesa!
De haber pensado me pesa
que pudo tenerme amor,
que nunca tan alto azor
se humilla a tan baja presa.
MARCELA: ¿Qué murmuras entre ti?
TEODORO: Marcela, conmigo habló,
pero no se declaró
en darme a entender que fui
el que embozado salí
anoche de su aposento.
MARCELA: Fue discreto pensamiento,
por no obligarse al castigo
de saber que hablé contigo,
si no lo es el casamiento,
que el castigo más piadoso
de dos que se quieren bien
es casarlos.
TEODORO: Dices bien,
y el remedio más honroso.