Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 14)
DIANA: Creo, señor Marqués, el amor
vuestro
y, satisfecha de nobleza tanta,
haré tratar el pensamiento nuestro,
si al Conde Federico no le espanta.
RICARDO: Bien sé que en trazas es el Conde
diestro,
porque en ninguna cosa me adelanta;
mas yo fío de vós, que mi justicia
los ojos cegará de su malicia.
TEODORO: Ya lo que mandas hice.
RICARDO: Si ocupada
vuseñoría está, no será justo
hurtarle el tiempo.
DIANA: No importara nada,
puesto que a Roma escribo.
RICARDO: No hay disgusto
como en día de cartas dilatada
visita.
DIANA: Sois discreto.
RICARDO: En daros gusto.
Celio, ¿qué te parece?
CELIO: Que quisiera
que ya tu justo amor premio tuviera.
DIANA: ¿Escribiste?
TEODORO: Ya escribí,
aunque bien desconfïado,
mas soy mandado y forzado.
DIANA: Muestra.
TEODORO: Lee.
DIANA: Dice así:
“Querer por ver querer, envidia
fuera,
si quien lo vio, sin ver amar no
amara,
porque antes de amar, no amar
pensara,
después no amara, puesto que
amar viera.
Amor, que lo que agrada
considera
en ajeno poder, su amor declara,
que como la color sale a la cara,
sale a la lengua lo que al alma altera.
No digo más, porque lo más ofendo
desde lo menos, si es que desmerezco
porque del ser dichoso me defiendo.
Esto que entiendo solamente ofrezco,
que lo que no merezco no lo entiendo
por no dar a entender que lo
merezco.”
DIANA: Muy bien guardaste el decoro.
TEODORO: ¿Búrlaste?
DIANA: ¡Pluguiera a Dios!
TEODORO: ¿Qué dices?
DIANA: Que de los dos
el tuyo vence, Teodoro.
TEODORO: Pésame, pues no es pequeño
principio de aborrecer
un crïado, el entender
que sabe más que su dueño.
De cierto Rey se contó