Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 13)
TRISTÁN:
¡Vive Dios que hay chamusquina,
y que por murciegalero
me pone en una galera!
DIANA: ¡Qué traigo de pensamientos!
FABIO: Aquí está el Marqués Ricardo.
DIANA: Poned esas sillas luego.
RICARDO: Con el cuidado que el amor, Dïana,
pone en un pecho que aquel fin desea,
que la mayor dificultad allana,
el mismo quiere que te adore y vea:
solicito mi causa, aunque por vana
esta ambición algún contrario crea,
que dando más lugar a su
esperanza,
tendrá menos amor que confïanza.
Está vusiñoría tan hermosa,
que estar buena el mirarla me
asegura,
que en la mujer, y es bien pensada
cosa,
la más cierta salud es la
hermosura,
que en estando gallarda, alegre,
airosa,
es necedad, es inorancia pura,
llegar a preguntarle si está buena,
que todo entendimiento la condena.
Sabiendo que lo estáis, como lo dice
la hermosura, Dïana, y la alegría,
de mí, si a la razón no contradice,
saber, señora, cómo estoy querría.
DIANA: Que vuestra señoría solenice
lo que en Italia llaman gallardía
por hermosura, es digno
pensamiento
de su buen gusto y claro
entendimiento;
que me pregunte cómo está, no creo
que soy tan dueño suyo que lo diga.
RICARDO: Quien sabe de mi amor y mi deseo
el fin honesto, a este favor se obliga.
A vuestros deudos inclinados veo
para que en lo tratado se prosiga;
solo falta, señora, vuestro acuerdo,
porque sin él las esperanzas pierdo.
Si como soy señor de aquel estado,
que con igual nobleza heredé agora,
lo fuera desde el Sur más abrasado
a los primeros paños del Aurora,
si el oro de los hombres adorado,
las congeladas lágrimas que llora
el cielo, o los diamantes orientales
que abrieron por el mar caminos
tales
tuviera yo, lo mismo os ofreciera;
y no dudéis, señora, que pasara
adonde el sol apenas luz me diera,
como a sólo serviros importara;
en campañas de sal pies de madera
por las remotas aguas estampara,
hasta llegar a las australes playas,
del humano poder últimas rayas.