Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 12)
aprendieron a jugar,
pues en faltando, es el juego
un arte noble que gana
con poca pena el sustento.
Verás un grande pintor,
acrisolando el ingenio,
hacer una imagen viva,
y decir el otro necio,
que no vale diez escudos;
y que el que juega, en diciendo
“paro”, con salir la suerte,
le sale a ciento por ciento.
DIANA: En fin ¿no juega?
TRISTÁN: Es cuitado.
DIANA: A la cuenta, será cierto
tener amores.
TRISTÁN: ¿Amores?
¡Oh, qué donaire! ¡Es un yelo!
DIANA: Pues un hombre de su talle,
galán, discreto y mancebo,
¿no tiene algunos amores
de honesto entretenimiento?
TRISTÁN: Yo trato en paja y cebada,
no en papeles y requiebros.
De día te sirve aquí;
que está ocupado sospecho.
DIANA: Pues ¿nunca sale de noche?
TRISTÁN: No le acompaño, que tengo
una cadera quebrada.
DIANA: ¿De qué, Tristán?
TRISTÁN: Bien te puedo
responder lo que responden
las mal casadas, en viendo
cardenales en su cara
del mojicón de los celos:
“Rodé por las escaleras.”
DIANA: ¿Rodaste?
TRISTÁN: Por largo trecho,
con las costillas conté
los pasos.
DIANA: Forzoso es eso,
si a la lámpara, Tristán,
le tirabas el sombrero.
TRISTÁN:
¡Oste, puto! ¡Vive Dios,
que se sabe todo el cuento!
DIANA: ¿No respondes?
TRISTÁN: Por pensar
cuándo, pero ya me acuerdo:
anoche andaban en casa
unos murciélagos negros;
el sombrero los tiraba;
fuese a la luz uno dellos,
y acerté, por dar en él,
en la lámpara, y tan presto
por la escalera rodé,
que los dos pies se me fueron.
DIANA: Todo está muy bien pensado,
pero un libro de secretos
dice que es buena la sangre
para quitar el cabello,
de esos murciégalos digo,
y haré yo sacarla luego,
si es cabello la ocasión,
para quitarla con ellos.