Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 11)
TEODORO: Que si esto es
a propósito del dueño,
no he visto cosa mejor,
mas confieso que no entiendo
como puede ser que amor
venga a nacer de los celos,
pues que siempre fue su padre.
DIANA: Porque esta dama sospecho
que se agradaba de ver
este galán, sin deseo;
y viéndole ya empleado
en otro amor, con los celos
vino a amar y a desear.
¿Puede ser?
TEODORO: Yo lo concedo;
mas ya esos celos, señora,
de algún principio nacieron,
y ese fue amor, que la causa
no nace de los efetos,
sino los efetos della.
DIANA: No sé, Teodoro, esto siento
desta dama, pues me dijo
que nunca al tal caballero
tuvo más que inclinación,
y en viéndole amor, salieron
al camino de su honor
mil salteadores deseos,
que le han desnudado el alma
del honesto pensamiento
con que pensaba vivir.
TEODORO: Muy lindo papel has hecho.
Yo no me atrevo a igualarle.
DIANA: Entra y prueba.
TEODORO: No me atrevo.
DIANA: Haz esto, por vida mía.
TEODORO: Vusiñoría con esto
quiere probar mi ignorancia.
DIANA: Aquí aguardo; vuelve luego.
TEODORO: Yo voy.
DIANA: Escucha, Tristán.
TRISTÁN: A ver lo que mandas vuelvo,
con vergüenza destas calzas,
que el secretario, mi dueño,
anda salido estos días;
y hace mal un caballero,
sabiendo que su lacayo
le va sirviendo de espejo,
de lucero y de cortina,
en no traerle bien puesto.
Escalera del señor,
si va a caballo, un discreto
nos llamó, pues a su cara
se sube por nuestros cuerpos.
No debe de poder más.
DIANA: ¿Juega?
TRISTÁN: ¡Pluguiera a los cielos!
Que a quien juega, nunca faltan,
desto o de aquello, dineros.
Antiguamente los Reyes
algún oficio aprendieron
por, si en la guerra o la mar
perdían su patria y reino,
saber con qué sustentarse;
dichosos los que pequeños