Лопе де Вега – El perro del hortelano / Собака на сене (страница 9)
Yo no imagino que están
desa suerte las mujeres,
sino todas cristalinas,
como un vidro transparentes.
TRISTÁN: Vidro, sí, muy bien lo sientes,
si a verlas quebrar caminas.
Mas si no piensas pensar
defetos, pensar te puedo,
porque ya he perdido el miedo
de que podrás olvidar.
¡Pardiez! Yo quise una vez,
con esta cara que miras,
a una alforja de mentiras,
años cinco veces diez,
y entre otros dos mil defetos,
cierta barriga tenía,
que encerrar dentro podía,
sin otros mil parapetos,
cuantos legajos de pliegos
algún escritorio apoya,
pues como el caballo en Troya
pudiera meter los griegos.
¿No has oído que tenía
cierto lugar un nogal,
que en el tronco un oficial
con mujer y hijos cabía,
y aún no era la casa escasa?
Pues desa misma manera
en esta panza cupiera
un tejedor y su casa,
y queriéndola olvidar,
que debió de convenirme,
dio la memoria en decirme
que pensase en blanco azar,
en azucena y jazmín,
en marfil, en plata, en nieve,
y en la cortina, que debe
de llamarse el faldellín,
con que yo me deshacía.
Mas tomé más cuerdo acuerdo,
y di en pensar como cuerdo
lo que más le parecía:
cestos de calabazones,
baúles viejos, maletas
de cartas para estafetas,
almofrejes y jergones,
con que se trocó en desdén
el amor y la esperanza,
y olvidé la dicha panza
por siempre jamás amén,
que era tal, que en los dobleces,
y no es mucho encarecer,
se pudieran esconder
cuatro manos de almireces.
TEODORO: En las gracias de Marcela
no hay defetos que pensar.
Yo no la pienso olvidar.
TRISTÁN: Pues a tu desgracia apela,
y sigue tan loca empresa.
TEODORO: Todo es gracias, ¿qué he de hacer?
TRISTÁN: Pensarlas hasta perder
la gracia de la Condesa.
DIANA: Teodoro.
TEODORO: La misma es.