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Сергей Бакшеев – El craneo de Tamerlan (страница 16)

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– Si fue él mismo que escogió eso para tratar de decir algo, y en el contexto de la conversación sobre Tamerlán entonces… —

Entonces sonó el timbre del apartamento. Zakolov y Kushnir intercambiaron miradas preocupadas.

– La policía no puede involucrarnos tan rápido. – Tikhon trató de tranquilizar a Tamara, pero para sus adentros, pensó: “A menos que se lo hayan dicho nuestros misteriosos adversarios”.

Un nuevo timbrazo insistente puso a temblar a la muchacha. Zakolov tomó sus manos, calculando las posibles variantes. Los habrían visto en la casa de Kasimov o no? Dejaron huellas o no? Debimos habernos cambiado de ropa enseguida.

Enseguida después del tercer timbrazo se oyó la voz impaciente de Evtushenko:

– Tikhon, Tamara, soy yo, Sasha! —

– Como lo olvidé! – Zakolov se golpeó la frente y fue a abrir la puerta.

– No molesto? – sonriendo irónicamente, Evtushenko entró al apartamento.

Involuntariamente, Tamara se arregló el cabello.

– Donde estuviste? – Preguntó Tikhon, sin hacerle caso a la indirecta. – Si yo te contara! —

– Me fui a ver Tashkent. Somos turistas, no? Y ya que ustedes no me llevaron… —

– Pero no sirvió de nada. Si hubieras ido a la casa del cineasta y hubieras vigilado mientras estábamos adentro, muchas cosas serían más claras. —

– En la noche se va el tren. Lo recuerdas, no? —

– La noche es la noche. Ahorita es el día. – Gruñó Tikhon y, de nuevo, se dedicó a mirar la fotografía.

– Que es eso? – Se interesó Alexander. – Kasimov? —

– A mí no me interesa él, sino el cuadro. Pero la foto es muy pequeña. – Hay unos dígitos, pero son difíciles de ver. —

– Dígitos? – se extrañó Evtushenko. – Estamos jugando a los espías? —

– Por ahora, a los arqueólogos. Pero es un juego muy peligroso. Ya hoy mataron a una persona. —

– Kasimov. – dijo Evtushenko.

– Como lo sabes? Ya hablan de eso por ahí? – Se preocupó Tamara.

– Se me ocurrió, porque ustedes fueron para allá. —

– Tienes razón. Unas bestias lo mataron justo antes de nuestra llegada. En su casa encontramos solamente el cadáver. —

– La policía casi nos agarra! – dejó escapar Tamara. – Apenas pudimos salir.

– Vaya, vaya! Buen comienzo. —

– Así es. No pudimos hablar con Kasimov. Mira, él es quien está en la foto. Eso fue hace tres semanas, él estaba bien y sano. Esta, probablemente, es su última fotografía. – Decepcionado, Tikhon apartó la foto.

– Si es muy pequeña, entonces no hay sino que agrandarla. – propuso Alexander.

– Claro! Tamara, todavía tienes el negativo? Dónde está? —

– No fui yo quien la imprimió, sino nuestro fotógrafo de la redacción. Ni siquiera tengo el equipo de impresión. —

– Él te devolvió el negativo? —

– No. Para que yo lo querría. Él se quedó con el rollo. —

– Puedes llamarlo por telefono? Es necesario hacer ese agrandamiento inmediatamente. —

– Voy a llamarlo. Vamos a ver si está en casa. —

– Trabaja en su casa? —

– Román Kireev no es un trabajador fijo del periódico, es contratado, como yo. —

– Espera, voy a ver si no nos están escuchando otra vez. – Zakolov se asomó a la ventana y constató que el patio estaba vacío, entonces le dijo: – Puedes telefonearle. —

Tamara Kushnir marcó el número, le respondieron, coqueteó unos minutos con el interlocutor y, de repente, gritó:

– Román tiene los negativos! Que de qué tamaño quieres la foto? —

– Él vive lejos? —

– No mucho. —

– Dile que vamos para allá. Yo le mostraré. —

Rápidamente, Tamara se puso de acuerdo con Román y colgó la bocina. En sus ojos había chispazos de pasión cazadora:

– Tú crees que estamos en la dirección correcta? —

– Puede ser. —

– Román nos espera.

– Vamos! —

La muchacha se preocupó:

– El policía me vio en la casa de Kasimov. De repente me reconocen. —

– No te preocupes. El policía notó a una muchacha desconocida, la vio de espaldas y, apenas, un segundo. En este caso que mira un tipo? —

– El peinado? – dudó Tamara.

– Y tú, qué opinas Alexander?

– El trasero. – sonriendo, agregó Evtushenko.

– Eso está más cerca de la realidad. En ese momento no tuvo tiempo de ver más arriba de la cintura. Y ahora, nuestro problema es dirigir nuestra atención a otra cosa. Tienes una mini-falda? – preguntó Tikhon a la muchacha. Tamara asintió. – Entonces póntela. Mientras más corta, mejor. No olvides unos zapatos acorde con la mini. Y hazte una cola de caballo con una cinta bien llamativa.

Tamara se dirigió a la habitación pero Tikhon la detuvo en la puerta y le dijo que se volteara.

– Sasha, imagínate que eres un policía. Mírala y trata de recordarla ahorita enseguida. —

Cuando Tamara volvió, en tacones altas y mini-falda de tela de jeans, con una blusa clara suelta y con su cabello recogido en cola de caballo, Zakolov le propuso que posara como en pasarela.

– No se reconoce. Es otra chica. – Evtushenko se entusiasmó.

“Y muy bella”, – quiso agregar Tikhon, apreciando, de nuevo, sus largas piernas y su talle esbelto.

En el piso de arriba del apartamento de Tamara Kushnir un tipo, en impermeable beige, había interceptado la conversación telefónica. Entonces bajó al patio y salió a la calle y, desde un teléfono público se comunicó:

– Ellos van a casa de un fotógrafo de nombre Román. Van a agrandar la fotografía de Kasimov. —

– La dirección del fotógrafo? —

– Ahorita la rastreo. —

– Me la comunicas enseguida y prepárate para la acción. —

– Yo soy un boy scout, siempre listo! —

16.– Doble visita al fotógrafo

La puerta del apartamento del fotógrafo en el séptimo piso se abrió enseguida después del primer toque de timbre. Al muchacho en lentes oscuros, de cabello largo y sin afeitar se le congeló la sonrisa cuando vio a Zakolov y entonces recriminó a Tamara: