Федерико Гарсиа Лорка – Кровавая свадьба. Йерма. Дом Бернарды Альбы. Трилогия. Книга для чтения на испанском языке (страница 2)
NOVIO. No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quién se casan.
MADRE. Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
NOVIO. Usted sabe que mi novia es buena.
MADRE. No lo dudo. De todos modos siento no saber cómo fue su madre.
NOVIO. ¿Qué más da?
MADRE (
NOVIO. ¿Qué quiere decir?
MADRE. ¡Que es verdad! ¡Que tienes razón! ¿Cuándo quieres que la pida?
NOVIO (
MADRE (
NOVIO. Usted entiende más…
MADRE. Le compras unas medias caladas, y para ti dos trajes… ¡Tres! ¡No te tengo más que a ti!
NOVIO. Me voy. Mañana iré a verla.
MADRE. Sí, sí, y a ver si me alegras con seis nietos, o los que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
NOVIO. El primero para usted.
MADRE. Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
NOVIO. Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
MADRE. La querré. (
NOVIO. Me voy.
MADRE. Que caves bien la parte del molinillo, que la tienes descuidada.
NOVIO. ¡Lo dicho!
MADRE. Anda con Dios.
Pasa.
VECINA. ¿Cómo estás?
MADRE. Ya ves.
VECINA. Yo bajé a la tienda y vine a verte. ¡Vivimos tan lejos!
MADRE. Hace veinte años que no he subido a lo alto de la calle.
VECINA. Tú estás bien.
MADRE. ¿Lo crees?
VECINA. Las cosas pasan. Hace dos días trajeron al hijo de mi vecina con los brazos cortados por la máquina. (
MADRE. ¿A Rafael?
VECINA. Sí. Y allí lo tienes. Muchas veces pienso que tu hijo y el mío están mejor donde están, dormidos, descansando, que no expuestos a quedarse inútiles.
MADRE. Calla. Todo eso son invenciones, pero no consuelos.
VECINA. ¡Ay!
MADRE. ¡Ay!
VECINA (
MADRE. Salió.
VECINA. ¡Al fin compró la viña!
MADRE. Tuvo suerte.
VECINA. Ahora se casará.
MADRE (
VECINA (
MADRE. ¿Tú conoces a la novia de mi hijo?
VECINA. ¡Buena muchacha!
MADRE. Sí, pero…
VECINA. Pero quien la conozca a fondo no hay nadie. Vive sola con su padre allí, tan lejos, a diez leguas de la casa más cerca. Pero es buena. Acostumbrada a la soledad.
MADRE. ¿Y su madre?
VECINA. A su madre la conocí. Hermosa. Le relucía la cara como a un santo; pero a mí no me gustó nunca. No quería a su marido.
MADRE (
VECINA. Perdona. No quise ofender; pero es verdad. Ahora, si fue decente o no, nadie lo dijo. De esto no se ha hablado. Ella era orgullosa.
MADRE. ¡Siempre igual!
VECINA. Tú me preguntaste.
MADRE. Es que quisiera que ni a la viva ni a la muerta las conociera nadie. Que fueran como dos cardos, que ninguna persona les nombra y pinchan si llega el momento.
VECINA. Tienes razón. Tu hijo vale mucho.
MADRE. Vale. Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
VECINA. Tendría ella quince años. Él se casó ya hace dos años con una prima de ella, por cierto. Nadie se acuerda del noviazgo.
MADRE. ¿Cómo te acuerdas tú?
VECINA. ¡Me haces unas preguntas!
MADRE. A cada uno le gusta enterarse de lo que le duele. ¿Quién fue el novio?
VECINA. Leonardo.
MADRE. ¿Qué Leonardo?
VECINA. Leonardo el de los Félix.
MADRE (
VECINA. Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones.
MADRE. Es verdad… Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (