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Блейк Пирс – Una Vez Atado (страница 6)

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Brick llevó a April y a Riley al campo de tiro sorprendentemente grande que quedaba detrás de la tienda, y luego las dejó solas.

—Lo primero es lo primero —dijo Riley, señalando una lista larga en la pared—. Lee estas reglas. Avísame si tienes una duda.

Riley se quedó mirando a April leer las reglas, que por supuesto cubrían todos los elementos esenciales de seguridad, incluyendo nunca apuntar el arma en ninguna dirección salvo el objetivo. Mientras April leía con una expresión seria, Riley sintió una extraña sensación de deja vu. Recordó cuando había traído a Blaine aquí para comprar y probar su nueva arma.

Era un recuerdo algo amargo.

Durante el desayuno en su casa después de su primera noche haciendo el amor, Blaine le había dicho con vacilación:

—Creo que necesito comprar un arma. Para tener con qué protegerme en mi casa.

Obviamente Riley había entendido la razón. Había corrido peligro desde que la conoció. Y resultó que había necesitado esa arma unos días después, no solo para defenderse a sí mismo, sino también a toda la familia de Riley, de un convicto fugitivo peligroso, Shane Hatcher. Blaine casi había matado al hombre.

Riley volvió a sentir una punzada de culpa por ese terrible incidente.

«¿Nadie estará a salvo si formo parte de su vida? —se preguntó a sí misma—. ¿Todos los que conozco necesitarán armas por mí?»

April terminó de leer las reglas, y ella y Riley se dirigieron a una de las cabinas vacías, donde April se colocó los equipos de protección para sus ojos y oídos. Riley sacó el arma del estuche y la colocó enfrente de April.

April se veía intimidada mientras la miraba.

«Excelente —pensó Riley—. Debería sentirse intimidada.»

April dijo: —Esta es diferente a la pistola que le compraste a Blaine.

—Eso es correcto. Yo le compré una Smith and Wesson 686, un revólver de calibre 38. Un arma mucho más poderosa. Pero sus necesidades son diferentes. Solo quería ser capaz de defenderse a sí mismo. No estaba considerando trabajar en las fuerzas del orden como tú. —Riley levantó el arma y se la mostró a April—. Hay muchas diferencias entre un revólver y una semiautomática. Una semiautomática tiene un montón de ventajas, pero también varias desventajas: tiros errados ocasionales, doble alimentación, balas atascadas. No quería que Blaine tuviera que lidiar con nada de eso, no en caso de una emergencia. Pero tú... Bueno, deberías comenzar a aprender de ellas de inmediato, en un entorno seguro en el que tu vida no esté en peligro.

Riley comenzó a mostrarle a April lo que necesitaba saber: cómo meterle rondas al cartucho, cómo colocar el cartucho en el arma y ​​cómo descargarlo de nuevo.

—Ahora bien, esta arma puede ser utilizada tanto en simple acción o doble acción. Simple acción es cuando tienes que montar el martillo antes de apretar el gatillo. Luego el arma carga automáticamente una y otra vez. Puedes disparar rápidamente hasta que el cartucho se vacíe. Esa es la gran ventaja de una semiautomática. —Riley tocó el gatillo y continuó—: Doble acción es cuando haces todo el trabajo con el gatillo. Mientras jalas, el martillo carga y luego el arma se dispara. Si quieres hacer otro tiro, tienes que volver a hacer lo mismo. Eso toma más trabajo, el dedo está jalando en contra de la presión, y disparas más lento. Y eso lo que yo quiero que hagas para empezar.

Ella apretó un botón para que el blanco de papel estuviera a seis metros y medio de la cabina y luego le mostró a April cómo pararse y dónde colocar sus manos, así como también cómo apuntar.

Riley dijo: —De acuerdo, tu arma no está cargada. Vamos a hacer unos disparos en seco.

Como lo había hecho con Blaine, Riley le explicó a April cómo respirar, a inhalar lentamente mientras apuntaba y luego exhalar lentamente mientras apretaba el gatillo de forma que su cuerpo estuviera quieto cuando el arma se disparara.

April apuntó cuidadosamente a la forma vagamente humana en el blanco y luego apretó el gatillo varias veces. Luego, siguiendo las instrucciones de Riley, ella metió el cartucho cargado en la pistola, volvió a su posición y disparó un solo tiro.

April soltó un chillido.

—¿Acerté? —preguntó.

Riley señaló el blanco y dijo: —Bueno, le diste al blanco. Nada mal para ser tu primer intento. ¿Cómo se sintió?

April soltó una risita nerviosa y dijo: —Un poco sorprendente. Esperaba más...

—¿Retroceso?

—Sí. Y no fue tan fuerte como esperaba.

Riley asintió y dijo: —Esa es una de las ventajas de una calibre 22. No te estremecerás ni desarrollarás malos hábitos. Mientras que avanzas a armas más poderosas, podrás lidiar con su poder. Adelante, vacía el cartucho.

Mientras April disparó lentamente las nueve rondas restantes, Riley notó un cambio en su rostro. Era una expresión feroz y determinada que Riley se dio cuenta había visto en April en algún momento antes. Riley trató de recordar...

Luego el recuerdo le llegó de golpe.

Riley había perseguido el monstruo llamado Peterson hasta la orilla del río. Tenía a April cautiva, atada de manos y pies y con una pistola en la cabeza. Cuando el arma de Peterson falló, Riley se lanzó sobre él y lo apuñaló, y lucharon en el río hasta que él empujó su cabeza bajo el agua y estuvo a punto de ahogarla.

Su rostro salió a la superficie por un momento, y vio algo que nunca olvidaría...

Sus muñecas y pies todavía atados, April estaba parada sosteniendo la escopeta que Peterson había soltado.

April golpeó a Peterson en la cabeza con ella...

La lucha terminó unos momentos después, cuando Riley le partió la cara con una roca.

Pero nunca se había perdonado a sí misma por haber permitido que April corriera peligro.

Y ahora aquí estaba April, disparando al blanco con la misma expresión feroz en su rostro.

«Se parece tanto a mí», pensó Riley.

Y si April ponía su corazón y su alma en esto, Riley estaba segura de que ella se convertiría en tremenda agente del FBI, quizá hasta mejor que ella.

Pero ¿eso era bueno o malo?

Riley no sabía si sentirse culpable u orgullosa.

Sin embargo, durante la sesión de entrenamiento de media hora, April disparó al blanco cada vez con más confianza y precisión. Para cuando salieron de la tienda de armas y condujeron a casa, Riley definitivamente se estaba sintiendo orgullosa.

April estaba eufórica y habladora, haciendo todo tipo de preguntas sobre el entrenamiento. Riley dio las mejores respuestas que pudo, tratando de no mostrar su ambivalencia sobre el futuro que April parecía querer tanto.

Cuando se acercaron a casa, April dijo: —Mira quién está aquí.

Se le cayó el alma a los pies cuando vio el BMW costoso que estaba estacionado frente a la casa. Sabía que le pertenecía a la última persona en el mundo que quería ver en este momento.

CAPÍTULO TRES

A lo que Riley estacionó su propio vehículo modesto detrás del BMW, se dio cuenta de que las cosas se pondrían bastante desagradables en su casa. Cuando apagó el motor, April tomó el estuche con la pistola y comenzó a bajarse del auto.

—Es mejor que dejes eso aquí por ahora —dijo Riley.

Ciertamente no quería explicarle el arma al visitante no deseado.

—Supongo que tienes razón —contestó April, empujando el estuche debajo del asiento delantero.

—Y que no se te olvide… no le digas nada a Jilly sobre esto —dijo Riley.

—No lo haré —dijo April—. Pero probablemente ya descubrió que me compraste algo, y comenzará a hacer preguntas. Eh, bueno, el domingo le darás su propio regalo y se olvidará de esto.

«¿Su propio regalo?», se preguntó Riley.

Entonces recordó que el domingo era el cumpleaños de Jilly.

Riley se sintió alarmada.

Casi había olvidado que Gabriela había planeado una fiesta familiar para el domingo por la noche.

Y todavía no le había comprado un regalo a Jilly.

«¡Que no se te olvide!», se dijo a sí misma.

Riley y April cerraron el auto con llave y caminaron a casa. Efectivamente, el propietario del auto de lujo, el ex esposo de Riley, estaba sentado allí en la sala de estar.

Jilly estaba sentada en una silla frente a él, su expresión fría mostrando que su visita no le alegraba ni un poquito.

—Ryan, ¿qué haces aquí? —preguntó Riley.

Ryan se volvió hacia ella con esa sonrisa encantadora que muchas veces había debilitado su determinación de sacarlo de su vida por completo.

«Maldición, sigue siendo guapo», pensó.

Ella sabía que se esforzaba mucho para verse así y que pasaba muchas horas en el gimnasio.

Ryan dijo: —Oye, ¿esa es manera de saludar a tu familia? Todavía soy familia, ¿o no?