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Блейк Пирс – Una Vez Atado (страница 8)

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Se quedó sentada allí en silencio durante un rato, pensando en lo que había sucedido.

Jilly lo había llamado «señor Paige».

Eso había sido cruel, pero no podía negar que Ryan se lo merecía.

Aun así, se preguntó qué debía decirle a Jilly sobre ese tipo de crueldad.

«Ser madre es difícil», pensó.

Estaba a punto de llamar a Jilly para que bajara a hablar de ello cuando su teléfono sonó. La llamada era de Jenn Roston, una joven agente con la que había trabajado en casos recientes.

Cuando Riley atendió la llamada, se percató de la tensión en la voz de Jenn.

—Hola, Riley. Solo quise llamarte para…

Cayó un silencio. Riley se preguntó qué tenía Jenn en mente.

Luego Jenn dijo: —Mira, solo quería agradecerles a ti y a Bill por… ya sabes… cuando yo…

Riley estaba a punto de decirle: —No lo digas por teléfono.

Afortunadamente, la voz de Jenn se quebró antes de que terminara la frase.

Aun así, Riley sabía por qué Jenn le estaba dando las gracias.

Durante el caso que acababan de cerrar, Jenn había desaparecido casi todo un día. Riley había persuadido a Bill que debían cubrirla. Después de todo, Jenn había cubierto a Riley durante una situación algo similar.

Pero la ausencia de Jenn se había debido a las exigencias de su ex madre de acogida quien también era una mente criminal. Jenn había violado la ley para ayudar a la «tía Cora» con un problema.

Riley no sabía exactamente lo que había pasado, ya que no había preguntado.

Oyó a Jenn atragantarse un poco.

—Riley, he pensado que tal vez debería entregar mi placa. Lo que ocurrió antes podría volver a ocurrir. Y podría ser peor la próxima vez. No creo que se haya terminado.

Riley sentía que Jenn no le estaba diciendo toda la verdad.

«La tía Cora la está presionando otra vez», pensó Riley.

No era nada sorprendente. Si el dominio de la tía Cora era lo suficientemente fuerte, Jenn podría ser un recurso muy útil desde dentro del FBI.

Riley se preguntó por un momento si Jenn debía renunciar.

Sin embargo, se dijo a sí misma rápidamente: «No».

Después de todo, Riley había tenido una relación similar con una mente criminal, con el convicto fugitivo brillante Shane Hatcher. Esa relación había llegado a su fin luego de que Blaine le disparara a Hatcher y Riley lo capturara. Hatcher estaba de vuelta en Sing Sing ahora, y no había vuelto a hablar con nadie desde entonces.

Jenn sabía más sobre la relación de Riley con Hatcher que nadie excepto el propio Hatcher. Jenn pudo haber destruido la carrera de Riley con lo que sabía. Pero había guardado silencio por lealtad a Riley. Ahora era el momento para que Riley le mostrara la misma lealtad.

Riley dijo: —Jenn, ¿recuerdas lo que te dije la primera vez que me hablaste de esto?

Jenn no dijo nada, así que Riley continuó: —Te dije que lidiaríamos con esto. Tú y yo, juntas. ¡No puedes renunciar! Tienes mucho talento. ¿Me entiendes?

Jenn siguió sin decir nada.

En su lugar, Riley oyó el pitido de su servicio de llamada en espera, indicándole que tenía otra llamada.

«Ignórala», se dijo a sí misma.

Pero volvió a oír el pitido. Los instintos de Riley le dijeron que la otra llamada era importante. Ella suspiró y le dijo a Jenn:

—Mira, tengo que atender otra llamada. No cuelgues, ¿vale? Trataré de hablar rápido.

—Está bien —dijo Jenn.

Riley atendió la llamada entrante y oyó la voz ronca de su jefe de equipo en la UAC, Brent Meredith.

—Agente Paige, tenemos un caso. Un asesino en serie en el Medio Oeste. Necesito verte en mi oficina.

—¿Cuándo? —preguntó Riley.

—Ya mismo —dijo Meredith—. Lo más pronto posible.

Riley supo por su tono que este era un asunto urgente.

—Ya voy para allá —dijo Riley—. ¿Quién más asignarás al equipo?

—Esa es tu decisión —dijo Meredith—. Trabajaste bien con el agente Jeffreys y la agente Roston en el caso del Hombre de Arena. Trabaja con ellos si quieres. Los quiero a todos en mi oficina ahora mismo.

Sin decir nada más, Meredith finalizó la llamada.

Riley volvió a la línea de Jenn. Ella dijo: —Jenn, entregar tu placa no es una opción. No en este momento. Te necesito en un caso. Nos vemos en la oficina de Brent Meredith. Y apúrate.

Sin esperar una respuesta, Riley finalizó la llamada. Mientras marcaba el número de su compañero Bill Jeffreys, pensó: «Tal vez otro caso es justo lo que necesita Jenn en este momento.»

Riley esperaba que fuera así.

Mientras tanto, sintió una intensificación familiar de su propia alerta mientras se apresuraba para averiguar de qué podría tratar este nuevo caso.

CAPÍTULO CUATRO

Media hora más tarde, Riley se detuvo en el estacionamiento de Quantico. Cuando le había preguntado a Meredith qué tan rápido la quería allí, había detectado verdadera urgencia en su voz:

—Ya mismo. Lo más pronto posible.

Bueno, cuando Meredith llamaba a su casa, eso significaba que se estaba acabando el tiempo, a veces literalmente, como en su último caso. El llamado Hombre de Arena había utilizado relojes de arena para marcar las horas que transcurrían antes de su siguiente asesinato despiadado.

Pero hoy, algo en el tono de voz de Meredith le dijo que esta situación era apremiante de una forma única.

Mientras se estacionaba, vio que Bill y Jenn también acababan de llegar en sus propios vehículos. Se bajó de su auto y se quedó parada allí, esperándolos.

Sin intercambiar muchas palabras, los tres caminaron hacia el edificio. Riley vio que, como ella, Bill y Jenn habían traído sus bolsos de viaje. No habían necesitado que se les dijera que probablemente estarían volando de Quantico dentro de poco.

Entraron al edificio y se dirigieron hacia la oficina del jefe Meredith. Tan pronto como llegaron a su puerta, el hombre afroamericano imponente y corpulento salió al pasillo. Obviamente había sido notificado de su llegada.

—No hay tiempo para una conferencia —les gruñó a los tres agentes—. Caminaremos y hablaremos al mismo tiempo.

Mientras corrían junto con Meredith, Riley se dio cuenta de que se dirigían directamente a la pista de aterrizaje de Quantico.

«Realmente tenemos mucha prisa», pensó Riley. Era inusual no tener al menos una breve reunión para informarles sobre el nuevo caso.

Caminando al lado de Meredith, Bill preguntó: —¿De qué trata todo esto, jefe?

Meredith dijo: —En este momento hay un cadáver decapitado en una vía férrea cerca de Barnwell, Illinois. Es una línea de tren que sale de Chicago. Una mujer estaba atada a las vías y fue atropellada por un tren de carga, hace tan solo unas horas. Es el segundo asesinato en cuatro días y hay muchas similitudes sorprendentes. Parece que se trata de un asesino en serie.

Meredith comenzó a caminar un poco más rápido, y los tres agentes aceleraron el paso para no quedarse atrás.

Riley preguntó: —¿Quién llamó al FBI?

Meredith dijo: —Yo recibí la llamada de Jude Cullen, el subjefe de la Policía Ferroviaria de Chicago. Dice que quiere perfiladores criminales allí enseguida. Le dije que dejara el cuerpo donde estaba hasta que mis agentes lo vieran. Eso es mucho pedir. Otros tres trenes de carga están programados a pasar por esas vías hoy, así como también un tren de pasajeros. Ahora todos están en espera y se está armando tremendo lío Necesitan ir para allá ahora mismo y echarle un vistazo a la escena del crimen para que el cuerpo pueda ser levantado y los trenes puedan empezar a andar. Y luego… Bueno, tienen un asesino que atrapar. Y estoy bastante seguro de que todos coincidimos en algo: volverá a matar. Aparte de eso, ahora saben lo mismo que yo del caso. Cullen tendrá que ponerlos al día respecto a otros detalles.

El grupo salió a la pista de aterrizaje, donde el pequeño avión a reacción estaba esperando, sus motores ya retumbando.

Sobre el sonido, Meredith dijo: —Ustedes serán recibidos en O'Hare por unos policías ferroviarios quienes los llevarán directamente a la escena del crimen.

Meredith se dio la vuelta y se dirigió de nuevo al edificio, y Riley y sus colegas subieron los escalones hasta el avión. La premura de su partida tenía a Riley mareada. Meredith nunca los había hecho salir tan rápido.

Pero esto no era sorprendente, teniendo en cuenta que el tráfico ferroviario estaba paralizado. Riley no podía ni imaginarse las enormes dificultades que eso podría estar causando en este momento.