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Блейк Пирс – Una Vez Inactivo (страница 8)

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Crane dio un suspiro de aparente alivio y dijo: —Dejaré esto pasar, lo que significa que no tomaré ninguna medida disciplinaria. La verdad es que preferiría que nadie se enterara de que esto sucedió. ¿Le hablaste a alguien de lo que hiciste?

–No, jefe.

–Ni se te ocurra hacerlo —dijo Crane antes de volverse y comenzar un nuevo juego de Tetris mientras Sam salía de su oficina.

Se dirigió a su escritorio, se sentó y meditó en silencio.

«Explotaré si no puedo hablar con nadie de esto», pensó.

Pero acababa de prometer que no tocaría el tema con los otros policías.

Entonces, ¿con quién más podría hablar?

En ese momento se le ocurrió una persona… el motivo por el que estaba aquí, tratando de hacer este trabajo…

Mi papá.

Había sido policía aquí cuando la familia Bonnett fue asesinada.

El hecho de que el caso nunca se resolvió lo había atormentado durante años.

«Tal vez papá pueda decirme algo —pensó—. Tal vez tenga buenas ideas.»

Pero se le cayó el alma a los pies al darse cuenta de que no sería buena idea. Su padre estaba en un asilo y sufría de ataques de demencia. Tenía sus días buenos y sus días malos, pero hablarle de un caso de su pasado de seguro lo confundiría y molestaría. Sam no quería hacer eso.

En este momento no tenía nada más que hacer hasta que su compañero, Dominic, se presentara a trabajar. Esperaba que llegara pronto para que pudieran hacer una ronda antes de que el calor se pusiera insoportable. Según el pronóstico del clima, hoy la temperatura batiría récords.

Entretanto, no tenía ningún sentido preocuparse por cosas que se salían de sus manos, ni siquiera por la posibilidad de que había un asesino en serie en Rushville, preparándose para atacar de nuevo.

«Trata de no pensar en eso», se dijo a sí misma.

Luego se echó a reír y murmuró en voz alta: —Vamos… Sé que pasaré todo el día pensando en eso.

CAPÍTULO SEIS

El teléfono celular de Riley sonó mientras Blaine conducía de vuelta a Fredericksburg. Le sorprendió y alarmó ver quién la estaba llamando.

«¿Es una emergencia?», se preguntó.

Gabriela nunca la llamaba solo para charlar, y no había llamado ni una sola vez durante las dos semanas que habían pasado en la playa. Solo había enviado algunos mensajes de texto informando que todo estaba bien en casa.

Riley se preocupó más cuando atendió la llamada y oyó la voz alarmada de Gabriela decir: —Señora Riley, ¿cuándo llega a casa?

–En aproximadamente media hora —dijo Riley—. ¿Por qué?

Oyó a Gabriela inhalar bruscamente. Luego dijo: —Él está aquí.

–¿Quién está ahí? —preguntó Riley.

Cuando Gabriela no respondió de inmediato, Riley entendió…

–Dios mío —dijo—. ¿Ryan está ahí?

–Sí —dijo Gabriela.

–¿Qué es lo que quiere? —preguntó Riley.

–No me lo ha dicho. Pero mencionó que es importante. Está esperándote.

Riley estuvo a punto de pedirle a  Gabriela que la comunicara con Ryan. Pero entonces se le ocurrió que Ryan probablemente no querría decírselo por teléfono. No con todos los demás allí en el auto.

En su lugar, Riley dijo: —Dile que estaré en casa pronto.

–Eso haré —dijo Gabriela.

Finalizaron la llamada y Riley se quedó mirando por la ventana del VUD.

Después de un momento. Blaine dijo: —Eh… ¿Te oí decir algo sobre…?

Riley asintió.

Sentadas detrás de ellos escuchando música, las chicas no habían estado escuchando nada hasta ahora.

–¿Qué? —preguntó April—. ¿Qué está pasando?

Riley suspiró y dijo: —Es tu padre. Está en casa esperándonos.

April y Jilly jadearon en voz alta.

Luego Jilly dijo: —¿Por qué no le dijiste a Gabriela que lo hiciera irse?

Riley se sintió tentada a decir que aunque eso es lo que había quería hacer, sabía que no debía dejarle esa tarea a Gabriela.

En su lugar, dijo: —Sabes que no puedo hacer eso.

April y Jilly gimieron con consternación.

Riley entendía cómo se sentían sus hijas. La última visita no anunciada de Ryan a su casa había sido desagradable para todos, incluyendo Ryan. Su intento de engatusarlas le había salido por la culata. April había sido fría con él, y Jilly había sido muy grosera.

Pero Riley no podía culparlas.

Ryan las había ilusionado demasiadas veces para solo terminar decepcionándolas. Ahora las chicas no querían tener nada que ver con él.

«¿Que es lo que quiere ahora?», se preguntó Riley, suspirando de nuevo.

Fuera lo que fuese, esperaba que no amargara el recuerdo de estas vacaciones. Habían pasado dos semanas muy preciosas, a pesar del sueño de Riley sobre su padre. Desde entonces, había hecho todo lo posible para sacar la llamada del agente Meredith de su mente.

Pero ahora el hecho de que Ryan había aparecido pareció desencadenar sus pensamientos oscuros de nuevo.

«Un martillo —pensó—.  Alguien fue asesinado con un martillo.»

Se recordó a sí misma que había hecho lo correcto al decirle que no al jefe Meredith. Además, no la había vuelto a llamar, lo que seguramente significaba que no estaba muy preocupado después de todo.

«Probablemente no fue nada —pensó Riley—.  Solo un caso que la policía local debe resolver por su cuenta.»

Todos se sintieron muy ansiosos cuando Blaine detuvo su VUD frente a la casa adosada de Riley. Un Audi costoso estaba estacionado en el frente. Era el auto de Ryan, por supuesto, pero Riley no recordaba si era el mismo auto que había tenido la última vez que había venido aquí. Le gustaba tener el último modelo de auto, sin importar el precio.

Una vez que se estacionaron, Blaine comenzó a temblar un poco. Quería ayudar a Riley y sus dos hijas a llevar su equipaje a la casa, pero…

–¿Será extraño? —le preguntó Blaine a Riley.

Riley contuvo un gemido.

«Por supuesto», pensó.

Blaine y Ryan se habían visto poco, pero esos encuentros apenas habían sido amables, al menos por parte de Ryan. Blaine había hecho todo lo posible para ser agradable, pero Ryan había sido hosco y hostil.

Riley, April y Jilly fácilmente metieron todo su equipaje en la casa en un solo viaje. En realidad no necesitaban la ayuda de Blaine, y Riley no quería que Blaine se sintiera incómodo, y sin embargo…

«¿Por qué demonios debería sentirse incómodo en mi propia casa?», pensó.

Decirle a Blaine y Crystal que se fueran no era la forma de solucionar este problema.

Riley le dijo a Blaine: —Pasen adelante.

Gabriela los recibió a todos en la puerta, junto con la perrita orejona de Jilly, Darby. La perrita saltó alrededor de ellos con deleite, pero Gabriela no se veía nada feliz.

A lo que colocaron el equipaje en la entrada, Riley vio a Ryan sentado en la sala de estar. Riley se alarmó al ver que estaba flanqueado por dos maletas…